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Una investigación revela el alcance del engaño y el lavado verde de las grandes petroleras

Un comité demócrata estadounidense concluyó que las grandes petroleras restaron importancia deliberadamente a los peligros de los combustibles fósiles. Según se informa, sus principales actores también han presionado contra las leyes climáticas que respaldaron públicamente durante años.

Las grandes petroleras vuelven a hacerlo. La última primicia, cortesía de los demócratas estadounidenses, revela que los gigantes de los combustibles fósiles han jugado durante mucho tiempo el juego turbio de apoyar públicamente iniciativas climáticas mientras las descartan por completo en privado. Me viene a la mente la palabra lavado verde.

Esta revelación salió a la luz a través de un lote de documentos solicitados y expuestos justo antes de una audiencia crucial en el Congreso.

No sorprende que los sospechosos habituales sean descubiertos instantáneamente. Se dice que Exxon, Shell, BP y Chevron –junto con sus animadores en el Instituto Americano del Petróleo y la Cámara de Comercio de Estados Unidos– han estado en modo de engaño total desde el período previo a la firma del Acuerdo de París en 2015.

Una investigación iniciada en 2021 por un comité demócrata, que se disolvió cuando los republicanos tomaron el control en 2022, ha culminado en una informe condenatorio afirmando que estas empresas han "realizado campañas para confundir y engañar al público" durante una década.

Si bien estas empresas hacen periódicamente declaraciones audaces sobre alcanzar emisiones netas cero y alinearse con el Acuerdo de París, sus correos electrónicos internos pintan un panorama muy diferente.

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Por ejemplo, un BP El ejecutivo en 2019 se mostró cauteloso a la hora de comprometerse con el objetivo de cero emisiones netas para 2050, por temor a que el cambio afectara las ganancias. En 2018, un gerente de Shell expresó dudas sobre lograr la misma hazaña para 2050, insinuando que podría ser más factible para 2060 o 2070.

Además, estas empresas continúan ensalzando las virtudes del gas natural como "amigo de las energías renovables", a pesar del reconocimiento interno de sus riesgos climáticos. Incluso están financiando artículos académicos para pulir esta narrativa, una medida clásica para disfrazar intereses creados con ropajes académicos.

El informe también desmiente varias declaraciones públicas de apoyo a los impuestos al carbono y oposición a los retrocesos regulatorios. Por ejemplo, mientras BP condenó públicamente la revocación de las regulaciones sobre el metano por parte de la administración Trump, sus cabilderos asintieron obedientemente con la propuesta en los pasillos del poder.

La hipocresía tampoco termina ahí. Los registros revelan una renuencia generalizada a cooperar con las investigaciones del Congreso, y muchas empresas redactan o retienen documentos en gran medida. Maniobra culpable clásica: en caso de duda, tápelo.

Mientras los esqueletos salen de los armarios en todas partes, las grandes petroleras se enfrentan a una creciente pergamino de demandas alegando engaño sobre los peligros de los combustibles fósiles. Sin duda, la nueva evidencia reforzará estos esfuerzos y, con suerte, obligará a las empresas a tener en cuenta su sabotaje ecológico.

Una y otra vez, la industria promete el cielo pero entrega la tierra. Estrictamente hablando, no podemos conceder a estas empresas el beneficio de la duda.

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